El discurso no debería ceñirse a la "sostenibilidad" o a la "eficiencia energética". Se sobrentiende que un edificio debe de contar con los medios técnicos óptimos para funcionar lo mejor posible, dentro de los recursos que se le puedan destinar.

 

Los conceptos en arquitectura son universales y objetivos, no dependen de modas ni de gustos… Un buen proyecto se construye con conceptos como dualidad, materia, gravedad, luz, lugar, silencio, espacio, tiempo, penumbra, recorrido, mandala, transiciones, vista, masa, orientación, basamento, vuelo, energía, compresión, descompresión, trascendencia, lugar significante, sombra, repetición, ritmo, filtro, encuadre…

Se apoya sobre la historia de lo ya construido, sobre las técnicas con las que se han hecho las cosas, y sobre las vivencias e ideas que podamos aportar como equipo para tratar de enriquecer el diálogo con el cliente. Ese diálogo que permite llegar a una solución óptima en cuanto a funcionalidad y lenguaje, enriquecido con ese bagaje.

Con el paso del tiempo, nos damos cuenta también de que la selección de los materiales y el cuidado de los acabados es otra de las cosas que tienen también gran importancia. Las atmósferas de las que habla Zumthor en su libro homónimo, tienen mucho que ver con los materiales que se emplean. No es lo mismo rodearse de materia, el «abrigo de los muros» del que nos habla Barragán, que rodearse de otros materiales más ligeros como el vidrio – «el no-límite» en arquitectura.

Es importante pensar en la pátina de los materiales y en su capacidad de envejecer de forma bella. Esto lo aplicamos también a la selección de muebles, cuando se nos pide completar el proyecto con el mobiliario.